La marcha activa no siempre significa caminar sin ayuda. También puede entenderse como una forma de movimiento guiado y adaptado, en la que el niño participa según sus posibilidades y con los apoyos terapéuticos o tecnológicos que necesite.
Por eso, hablar de marcha activa en niños implica mirar más allá de dar pasos y valorar cómo la bipedestación, la asistencia y la rehabilitación infantil pueden abrir nuevas oportunidades en cada caso.
¿Qué significa la marcha activa en niños con movilidad reducida?
La marcha activa hace referencia al grado de implicación que el niño puede asumir durante el movimiento, aunque necesite ayuda para mantenerse de pie, iniciar el paso o completar el patrón de marcha.
En niños con movilidad reducida, puede adoptar formas muy distintas según el diagnóstico, la edad, el nivel funcional y los objetivos terapéuticos.
La clave está en que el movimiento no dependa únicamente de una acción externa, sino que incorpore alguna respuesta del niño, ya sea postural, muscular, funcional o vinculada al acompañamiento del paso.
La marcha activa puede incluir:
- Mantenerse de pie con apoyo.
- Tolerar la carga de peso de forma progresiva.
- Activar la musculatura durante la terapia.
- Acompañar un patrón de marcha asistida.
- Participar en ajustes posturales.
- Experimentar el entorno desde una posición más vertical.
Esta forma de entender la movilidad evita una visión demasiado rígida. Entre caminar de forma autónoma y no caminar existen muchas posibilidades terapéuticas y funcionales que pueden aportar experiencias significativas al niño.
Diferencia entre marcha activa, marcha asistida y marcha pasiva
- Marcha pasiva: el movimiento depende casi por completo de una ayuda externa y la implicación del niño es muy reducida.
- Marcha asistida: el niño necesita apoyo para mantenerse de pie, caminar o completar el patrón de marcha con mayor estabilidad y seguridad.
- Marcha activa: el niño interviene en alguna parte de la acción. Puede coincidir con una marcha asistida si, además de recibir ayuda, aporta alguna respuesta postural, muscular o funcional.
¿Qué ocurre cuando la marcha está limitada?
Cuando un niño tiene limitada la marcha, no solo se ve afectado el desplazamiento. También pueden cambiar sus posibilidades de modificar la postura, explorar el entorno y participar con mayor autonomía en actividades cotidianas.
En estos casos, muchas actividades del día a día dependen más de la ayuda externa, por lo que la bipedestación, la marcha asistida y las terapias orientadas al movimiento pueden abrir nuevas posibilidades funcionales.
Cuando la marcha está limitada, el niño puede encontrar más dificultades para:
- Explorar el entorno de forma espontánea.
- Cambiar de postura con autonomía.
- Participar en juegos y actividades cotidianas.
- Mantener oportunidades de bipedestación.
- Reducir la dependencia de la movilidad pasiva.
Posibles consecuencias físicas de la movilidad reducida
La reducción de movilidad puede influir en distintos aspectos físicos, especialmente cuando el niño tiene pocas oportunidades de ponerse de pie, cambiar de postura o activar la musculatura de forma regular.
Rigidez articular
La rigidez articular aparece cuando una articulación pierde facilidad para moverse dentro de su rango habitual. En niños con movilidad reducida, el uso limitado de algunas articulaciones puede dificultar ciertos cambios de postura o movimientos funcionales.
Trabajar la movilidad de forma adaptada puede ayudar a conservar los recorridos articulares y facilitar cambios posturales más variados.
Contracturas musculares
Las contracturas son limitaciones persistentes en músculos, tendones o tejidos blandos que pueden restringir el movimiento de una articulación. Pueden aparecer por alteraciones del tono muscular, posturas mantenidas o reducción de movilidad.
En rehabilitación infantil, prevenir o reducir su impacto suele ser un objetivo importante. Para ello, pueden emplearse estrategias como:
- La movilización.
- Los cambios posturales.
- La bipedestación.
- El trabajo terapéutico adaptado.
Pérdida de fuerza muscular
Cuando un grupo muscular se utiliza menos, puede perder capacidad de activación o fuerza. En niños con alteraciones motoras, esto puede influir en la postura, la estabilidad y la realización de actividades cotidianas.
Por eso, incorporar actividades adaptadas durante la terapia puede ayudar a estimular el trabajo muscular.
Beneficios de la marcha activa en la infancia
Cuando la movilidad está limitada, la marcha activa puede ayudar a trabajar objetivos físicos, funcionales y emocionales. La clave está en que las actividades sean seguras, realistas y acordes a las necesidades del niño.
Beneficios físicos de la marcha activa
Desde el punto de vista físico, la marcha activa puede contribuir a trabajar objetivos relacionados con el control postural, la movilidad, la fuerza y la tolerancia a la verticalidad.
Diversos estudios clínicos realizados con ATLAS 2030 han mostrado mejoras en variables funcionales como la función motora gruesa (GMFM), la resistencia, el control postural y determinados parámetros de la marcha en niños con parálisis cerebral y atrofia muscular espinal.
Beneficios funcionales
A nivel funcional, la marcha activa puede ofrecer al niño nuevas formas de interactuar con su entorno y vivir actividades cotidianas desde otra posición.
Este punto es especialmente importante para las familias, porque la rehabilitación no se vive únicamente en términos clínicos. También puede relacionarse con momentos del día a día, como formar parte de un juego, acercarse a otras personas o intervenir con mayor implicación corporal.
Por eso, la marcha activa asistida puede entenderse como una herramienta para ampliar oportunidades funcionales, no solo como un entrenamiento de pasos.
Beneficios emocionales y sociales
El movimiento también tiene una dimensión emocional y social. La marcha adaptada puede influir en la motivación, la confianza y la forma en que el niño se relaciona con su entorno.
Este beneficio debe plantearse con prudencia, porque cada niño vive el proceso de forma distinta. Aun así, para muchas familias, estas experiencias tienen un valor que va más allá de la función física.
¿Puede trabajarse la marcha activa si el niño no camina solo?
Sí, la marcha activa puede trabajarse aunque el niño no camine de forma autónoma. Precisamente por eso es importante no confundir marcha activa con marcha independiente.
En estos casos, el enfoque terapéutico se centra en qué tipo de movimiento puede realizar el niño, con qué apoyos y con qué objetivos.
Los objetivos pueden incluir:
- Favorecer el control postural.
- Trabajar la tolerancia a la bipedestación.
- Mantener rangos articulares.
- Estimular la activación muscular.
- Mejorar el equilibrio con apoyo.
- Entrenar patrones de marcha asistida.
En este contexto, la terapia robótica de la marcha puede ser una herramienta de apoyo, con posibles beneficios sobre la función motora y el equilibrio según el perfil y los objetivos de cada niño.
¿Cómo ayudan los exoesqueletos pediátricos en la marcha activa?
Los exoesqueletos pediátricos pueden ayudar a trabajar la marcha activa al proporcionar soporte corporal y asistencia controlada durante las sesiones. Su papel no es sustituir el proceso terapéutico, sino complementar el trabajo de rehabilitación dentro de un entorno controlado.
En niños con dificultades importantes de movilidad, esta tecnología puede facilitar sesiones de marcha guiada, siempre con supervisión profesional y una planificación terapéutica individualizada.
Soporte, estabilidad y asistencia al movimiento
Un exoesqueleto pediátrico puede ofrecer apoyo estructural y asistencia motorizada durante la marcha. Esto puede ser relevante cuando el niño necesita ayuda para sostener la postura, descargar parte del peso corporal o coordinar el movimiento de las piernas.
ATLAS 2030 se presenta como un exoesqueleto pediátrico de suelo diseñado para asistir la marcha en niños con enfermedades neurológicas y neuromusculares. Marsi Bionics lo describe como una solución orientada a la rehabilitación pediátrica y la marcha asistida.
También existen estudios centrados en la seguridad y usabilidad de ATLAS 2030 en niños con parálisis cerebral y atrofia muscular espinal. En uno de ellos, los autores concluyeron que el dispositivo se mostró seguro en la muestra estudiada y que la satisfacción de niños y terapeutas fue alta.
Más allá de caminar de forma autónoma
Entender la marcha activa desde esta perspectiva permite ajustar mejor las expectativas terapéuticas y familiares. No se trata solo de alcanzar una forma concreta de caminar, sino de identificar qué oportunidades reales pueden favorecer el desarrollo, la autonomía y la participación del niño en su día a día.
Por eso, la asistencia debe entenderse como un apoyo para reducir barreras físicas y facilitar experiencias más activas y funcionales, siempre dentro de un enfoque de rehabilitación personalizada y segura.