Estas alteraciones tampoco tienen porqué aparecer de forma aislada. Una misma persona puede presentar distintos tipos de tono muscular en diferentes partes del cuerpo o combinar, por ejemplo, espasticidad y distonía.

¿Qué es el tono muscular y cómo influye al caminar?

El tono muscular mantiene los músculos preparados para sostener la postura e iniciar un movimiento. Al caminar intervienen numerosos músculos y articulaciones que deben coordinarse mientras el peso pasa de una pierna a otra. En niños con dificultades motoras, trabajar la marcha activa puede formar parte de los objetivos planteados para favorecer el movimiento y la participación.

Las alteraciones del tono pueden influir en la capacidad para mantener la postura, controlar el movimiento y coordinar diferentes segmentos corporales durante la marcha.

Es importante recordar que el tono muscular no es lo mismo que la fuerza muscular. Una persona con hipotonía puede presentar también debilidad muscular, pero son conceptos diferentes. Del mismo modo, una persona con espasticidad puede presentar un aumento del tono y, al mismo tiempo, una fuerza muscular reducida.

Por eso, valorar cómo se mueve una persona requiere tener en cuenta diferentes aspectos y no únicamente si los músculos presentan un tono aumentado o disminuido.

Espasticidad: aumento del tono

La espasticidad es una forma de aumento del tono muscular en la que el músculo ofrece más resistencia cuando se intenta mover o estirar de forma pasiva y rápida.

Esto significa que la respuesta del músculo puede variar según la velocidad con la que se realiza el movimiento. No se comporta igual ante un movimiento lento que ante uno rápido.

En las piernas, esta respuesta puede influir en la forma en la que se mueven las diferentes articulaciones. Dependiendo de los músculos afectados, puede dificultar determinados movimientos de la cadera, la rodilla o el tobillo y modificar cómo se colocan las piernas durante actividades como ponerse de pie o caminar.

¿Cómo puede afectar la espasticidad a la marcha?

Como hemos visto, la espasticidad puede influir en la forma en que determinados músculos responden al movimiento. Durante la marcha, las piernas necesitan moverse y adaptarse continuamente para avanzar, mantener el equilibrio y trasladar el peso de un lado al otro.

Cuando algunos músculos ofrecen una mayor resistencia al movimiento, determinados movimientos de la cadera, la rodilla o el tobillo pueden resultar más difíciles. Esto puede influir en la posición de las piernas y en la forma de apoyar el pie durante el paso.

Como consecuencia, la marcha puede presentar cambios en función de los músculos afectados y de las características de cada niño. En algunos casos puede observarse una mayor rigidez o un mayor esfuerzo durante el desplazamiento.

Sin embargo, la espasticidad no explica por sí sola cómo camina una persona. La espasticidad es, por tanto, sólo uno de los factores que pueden influir en la marcha. La fuerza muscular, el control motor, la movilidad articular, las contracturas y otros factores musculoesqueléticos también tienen un papel importante.

Por eso, el patrón de marcha debe interpretarse teniendo en cuenta el conjunto de características motoras de cada niño.

Distonía: movimientos y posturas que pueden variar

La distonía es un trastorno del movimiento que provoca contracciones musculares involuntarias, sostenidas o intermitentes. Pueden aparecer posturas poco habituales, movimientos repetitivos o torsiones que la persona no controla de manera voluntaria.

Una de sus características es que las manifestaciones pueden cambiar según la actividad que realiza la persona. Pueden hacerse más evidentes durante una acción voluntaria y variar entre diferentes situaciones o movimientos.

Al caminar, por ejemplo, pueden aparecer cambios en la postura o en la posición de las piernas y los pies, así como movimientos que interfieren en la ejecución voluntaria de la marcha.

Por este motivo, el movimiento puede no ser completamente predecible ni repetirse siempre de la misma manera.

La distonía puede presentarse junto con otras alteraciones motoras. En niños con parálisis cerebral, por ejemplo, puede coexistir con espasticidad.

Hipotonía: menor tono y dificultad para estabilizar el cuerpo

En la hipotonía, los músculos presentan un tono muscular disminuido y ofrecen menos resistencia cuando se movilizan de forma pasiva. Puede afectar de manera general o resultar más evidente en zonas concretas, como el tronco o las extremidades, repercutiendo en el control postural y la estabilidad.

Hipotonía y debilidad muscular no significan lo mismo. La primera hace referencia al tono muscular, mientras que la segunda describe una disminución de la capacidad para generar fuerza.

Cuando el tronco o las piernas tienen un tono reducido, mantener una posición estable al caminar puede resultar más difícil. También puede costar controlar determinadas articulaciones, conservar la alineación corporal o sostener el esfuerzo durante una actividad prolongada.

En niños pequeños, estas dificultades pueden observarse en diferentes etapas del desarrollo motor, por ejemplo al sentarse, ponerse de pie o iniciar los primeros desplazamientos.

Espasticidad vs distonía vs hipotonía: principales diferencias

Las tres alteraciones afectan al movimiento de formas distintas:

Característica Espasticidad Distonía Hipotonía
TONO MUSCULAR Aumento del tono con una respuesta dependiente de la velocidad del estiramiento Puede existir una alteración del tono asociada a contracciones musculares involuntarias Disminución del tono muscular
Característica principal Aumento de la resistencia al movimiento pasivo cuando aumenta la velocidad de estiramiento Contracciones involuntarias sostenidas o intermitentes que pueden producir movimiento o posturas anormales Menor resistencia al movimiento pasivo
Comportamiento durante el movimiento Puede aparecer mayor resistencia y limitación de determinados movimientos Puede cambiar con la actividad y entre diferentes movimientos Puede resultar más difícil mantener y controlar determinadas posturas
Efecto sobre la marcha Puede contribuir a patrones de movimiento más rígidos o limitar determinados movimientos Puede producir posturas y movimientos variables que interfieren en la marcha Puede dificultar el control postural y la estabilidad
Puede coexistir con otras alteraciones Sí Sí Sí

Esta tabla recoge diferencias generales, pero el patrón de movimiento o de marcha por sí solo no permite determinar que alteración está presente. La valoración clínica requiere observar diferentes aspectos del movimiento y tener en cuenta el contexto de cada persona. Además, estas características pueden coexistir. En la parálisis cerebral, por ejemplo, una persona puede presentar características espásticas y distónicas al mismo tiempo.

¿Por qué es importante conocer el tono muscular al utilizar un exoesqueleto pediátrico?

Espasticidad, distonía e hipotonía pueden influir de manera diferente en el movimiento. Conocer sus características ayuda al profesional a interpretar mejor cómo se mueve cada niño y a realizar una valoración individualizada.

Esta información también es relevante durante el uso de un exoesqueleto pediátrico. La parametrización del dispositivo permite adaptar determinados aspectos de la asistencia a las características y capacidades de cada niño, facilitando el movimiento y proporcionando el nivel de soporte que se considere adecuado en cada momento.

Esto no significa que el exoesqueleto corrija o trate por sí mismo una alteración del tono. Su función es proporcionar una asistencia que pueda adaptarse a las necesidades del usuario, dentro de las posibilidades y parámetros establecidos para cada dispositivo.

Por eso, la presencia de espasticidad, distonía o hipotonía no determina por sí sola si un niño puede utilizar un exoesqueleto. La decisión debe partir de una valoración clínica individualizada y de los criterios específicos del dispositivo.

Entender cómo se comporta el tono muscular permite, por tanto, ajustar mejor la intervención y aprovechar las posibilidades de adaptación que ofrece la tecnología.