Una vez colocado, comienza otra parte importante de la valoración: observar qué ocurre en posición erguida y cómo responde al movimiento asistido. A partir de ahí, la sesión se adapta a cada caso. Para algunos niños será suficiente permanecer de pie y familiarizarse con el equipo; otros podrán iniciar los primeros pasos.

¿Qué ocurre en la primera valoración?

Antes de comenzar, el profesional realiza una valoración que permite conocer las características del niño y comprobar que el uso del exoesqueleto es adecuado. Entre los criterios de valoración para utilizar un exoesqueleto pediátrico se encuentran:

  • La historia clínica y las características de la patología.
  • Las medidas corporales necesarias para adaptar el exoesqueleto.
  • La movilidad de caderas, rodillas y tobillos.
  • El tono muscular y la presencia de contracturas.
  • La postura y la alineación de las extremidades.
  • Las capacidades motoras y el nivel de ayuda que necesita el niño.

Las medidas son especialmente importantes para comprobar que el dispositivo puede adaptarse correctamente al niño. Las articulaciones mecánicas del dispositivo, los motores, deben corresponderse con las articulaciones del niño y sus dimensiones deben encontrarse dentro de los rangos establecidos.

La exploración de la movilidad completa esta información. Si una cadera, una rodilla o un tobillo presenta una limitación de movimiento, deben tenerse en cuenta tanto en la adaptación como en la planificación de las primeras actividades.

El ajuste antes de empezar

Después de la valoración llega el momento de adaptar el exoesqueleto al niño. Se regulan las longitudes de sus segmentos, la posición de las articulaciones y los distintos puntos de sujeción hasta adaptarlos a las características físicas del usuario.

Una correcta adaptación es fundamental para que el dispositivo quede bien ajustad al cuerpo del niño y pueda proporcionar la asistencia prevista.

Una vez colocado, el profesional comprueba que la configuración realizada se corresponde con las características del niño y que la posición es adecuada antes de comenzar la actividad.

A partir de este momento, la respuesta del niño durante la sesión permitirá valorar si es necesario realizar algún ajuste adicional.

Sesión con exoesqueleto pediátrico: ¿qué se hace?

Una sesión con exoesqueleto pediátrico no tiene por qué comenzar inmediatamente con varios metros de marcha. La posición de pie suele ofrecer las primeras pistas para comprobar que el niño está cómodo, que la postura es adecuada y que tolera bien la experiencia.

Cuando resulta adecuado, se incorporan los pasos y otros ejercicios para trabajar la marcha activa en niños con movilidad reducida. El trabajo puede incluir movimientos hacia delante y hacia atrás, además de distintos niveles de asistencia.

Hay exoesqueletos que disponen de un modo en el que el niño inicia el esfuerzo y el dispositivo completa el movimiento, así como de un modo automático en el que se configura la marcha.

Durante estos ejercicios, la atención no está puesta únicamente en cuántos pasos se realizan. Importa también cómo participa el niño, qué postura mantiene, de qué manera realiza el movimiento y como va tolerando el esfuerzo y aparece la fatiga.

No toda la sesión tiene que desarrollarse igual, puede cambiar sobre la marcha. Una pausa, un cambio en el ejercicio o un ajuste diferente de la asistencia, todo depende de cómo responda el niño en ese momento.

Las primeras sesiones no son iguales para todos

La experiencia previa influye mucho en estos primeros usos. Un niño habituado a trabajar en bipedestación parte de una situación distinta a la de otro que apenas ha mantenido esa posición. El control motor, la movilidad disponible y la ayuda necesaria para iniciar un paso también cambian de un usuario a otro.

Por eso, las primeras sesiones son también un periodo de aprendizaje para el profesional: permiten observar qué funciona mejor, qué necesita modificarse y cómo evoluciona la interacción entre el niño y el dispositivo.

¿Qué se revisa al finalizar?

Al terminar, el profesional revisa cómo ha respondido el niño: qué actividades ha realizado, qué nivel de asistencia ha necesitado, como ha tolerado el esfuerzo y si ha sido necesario realizar pausas o ajustes. Toda esta información ayuda a decidir cómo continuar.

No siempre habrá que cambiar algo después. En ocasiones será conveniente repetir una configuración para seguir observando la evolución; en otras, habrá que ajustar algún parámetro o introducir una actividad distinta.

La primera valoración no marca una única forma de trabajar. Es el punto de partida para conocer al niño, adaptar el exoesqueleto y avanzar progresivamente en función de sus necesidades y objetivos.